Las ideas maestras
La exposición "Batekmila, los mundos vascos" aborda algunas ideas centrales que constituyen toda una serie de mensajes fuertes sugeridos al visitante a través de diferentes procedimientos escenográficos y tecnológicos. Estas ideas maestras que se entrecruzan en la exposición van tejiendo su contenido.
- El euskera: en el corazón de los mundos vascos
- Cultura vasca: una memoria en marcha
- Una identidad afable
El euskera: en el corazón de los mundos vascos
Al principio de los mundos vascos, está la lengua vasca, el euskera.
Aventurarse en esos mundos es primeramente sumergirse en un universo sensible en el que resuenan las sonoridades de una de las más antiguas y enigmáticas lenguas de Europa.
El euskera resuena, pero este resonar no es en las salas de un museo polvoriento. De la intimidad familiar al mundo de la economía, pasando por el área de las relaciones sociales cotidianas, el euskera se practica, se intercambia, evoluciona y se modifica. Se enseña en las escuelas. Ha conquistado el ámbito de los medios. Su vocación instrumental de lengua de comunicación se expresa hoy a través de las nuevas tecnologías.
Pero para miles de hablantes, la lengua vasca está repleta de una profunda carga emocional, transmitida en el ámbito familiar o reapropiada con voluntad por aquellos que no la hablaban.
Se puede vivir en el País Vasco y no hablar su lengua; el País Vasco de hoy es realmente un espacio de diversidad lingüística en donde se codean el euskera, el español, el francés y otras lenguas de diferentes comunidades (gascón, árabe, portugués… en Bayona hay censadas 32 comunidades lingüísticas) Esta situación no es nueva: el euskera siempre ha estado en contacto con otras lenguas, (latín, ibero…) y se ha ido alimentando con sus aportaciones sin perder por ello su especificidad.
De estos intercambios y de las vivencias lingüísticas nació una manera de pensar, de crear, de vivir la cultura, hoy en día, la lengua vasca es la matriz de esta corriente.
Cultura vasca: una memoria en marcha
Al adueñarse de las aportaciones de la culturas de su entorno, los vascos han construido alrededor de su lengua un universo cultural propio, tal era el caso ayer. Pero mucho más lo es hoy con el desarrollo de los «enganches» interculturales generados por la urbanización (incluso la urbanización de zonas rurales), la mundialización de los intercambios…
Detrás de estas palabras, hay sobre todo una vivencia cultural compartida por hombres y mujeres que hacen vivir una realidad artística mucho más que el consumo que hacen de ella: la cultura vasca es ante todo, una cultura participativa, popular. La animación cultural está lejos de limitarse a las manifestaciones folklóricas. Aquí, cada año, en un pueblo de Zuberoa se reúnen los jóvenes a fin de preparar “las mascaradas”, cabalgatas carnavalescas que presentan todos los domingos de enero a abril.
Miles de benévolos se atarean en la organización de un festival de rock especial para la música vasca. No faltan los ejemplos en diferentes sectores: teatro, danza, canto, música…
Estas prácticas de lo cotidiano moldean una expresión cultural abierta a aportaciones exteriores. Quizás el ámbito musical constituye la mejor ilustración de esta capacidad de integración de las aportaciones de la mundialización en los fondos del patrimonio local: hoy, aún se canta tradicionalmente a capella sobre viejas melodías las improvisaciones de los poetas vascos, pero también se interpretan en euskera, creaciones cuyos compases están impregnados de influencias latinas, rock, funk, jazz…
De manera general, la cultura vasca se asemeja a una memoria en marcha. El fenómeno del bertsolarismo constituye el ejemplo más asombroso de esta adaptación de la expresión cultural más típica del patrimonio vasco al mundo actual. Practicado durante siglos por poetas originarios del mundo rural, esta improvisación cantada y versificada se ha convertido actualmente en el campo de expresión favorito de los jóvenes vascoparlantes de las zonas urbanas del País vasco al igual que ha ocurrido con el Rap en el resto del mundo. A nivel local, estos jóvenes “bertsolaris” se han convertido en estrellas, para algunos es una profesión.
Conviene subrayar también que, más allá de la dimensión popular, la cultura vasca es también una cultura de profesionales, de artistas que viven de su arte, consagrando toda su energía a la creación contemporánea. Contribuyen a que la cultura vasca también tenga sus estrellas, sus emblemas y sus creadores geniales. Bernardo Atxaga cuya obra literaria ha sido traducida en 17 idiomas, Kepa Junkera, el prodigio de la trikitixa (acordeón diatónico), los escultores Jorge Oteiza y Eduardo Chillida… Cada una de sus obras recorre, a su manera, el mundo y contribuyen al enriquecimiento del patrimonio cultural universal.
Una identidad afable
Las prácticas culturales a las que nos referimos están en constante mutación al igual que la identidad vasca. La internacionalización de los intercambios también modifica el panorama cultural vasco. ¿Llegará a uniformizarse como nuestros modos de vida marcados por el consumo de masas y el fenómeno de la urbanización? ¿Deberemos hacer borrón y cuenta nueva de nuestros particularismos? Nada parece presagiarlo aunque el sentimiento de ubicuidad generado por las nuevas tecnologías incluso si viene a perturbar nuestros conceptos de identidad territorial, paralelamente acentúa la búsqueda de un sentido, la necesidad de referencias.
Los vascos como otras identidades locales en el mundo se han sabido adaptar a estos cambios e interrogarse acerca de su patrimonio de identidad, conciliando particularidades y universalidad.
Esta adaptación se ilustra a través de un polimorfismo relativo a la identidad que se traduce en diversas maneras de vivir la cultura vasca.
Detrás de un «sentimiento vasco» existe un mosaico de vivencias culturales y lingüísticas que reúnen:
- al descendiente del pastor vasco emigrado a California o Argentina en los siglos XIX y XX, (que nunca ha venido al País Vasco y que no conoce el euskera).
- al hijo del emigrante andaluz, criado en el corazón de la capital económica, Bilbao, y que se ha convertido en improvisador en euskera, bertsolari, (el que ha aprendido euskera en la escuela y lo domina perfectamente).
- al joven parisino que se ha instalado en Bayona y que va a clases nocturnas para aprender el euskera.
- al joven suletino que prepara activamente la pastoral de su pueblo como un virtuoso de la danza vasca, (pero que no habla el euskera).
- la joven estudiante de secundaria, nacida en el País Vasco, cuyos padres son vascos y que habla perfectamente el euskera.
Las identidades de estos personajes-arquetipos no están totalmente delimitadas: se puede tener la ciudadanía americana y vasca, vasca y suletina, andaluza, española y vasca. Estos "empalmes" de identidad forman la cultura universal de hoy yendo más allá de las fronteras de las culturas de "redes".
La identidad vasca de hoy, es una superficie de intercambio abierta, cordial, construida en torno a un sentimiento de pertenencia comunitaria común. Es vasco aquel que quiere ser vasco. La cultura vasca es entonces el vector de un "vivir juntos" al que la práctica de la lengua vasca da todo su sentido.
"Lo universal es lo local, pero sin las paredes" - Miguel TORGA
Exposición multimedia
Numerosos medios tecnológicos e interactivos ofrecen un punto de vista moderno e interesante de los mundos vascos.
Las miradas de algunos artistas contemporáneos (fotógrafos, escritores, músicos y realizadores), sintetizadas en un caleidoscopo, nos permiten acceder a un universo sonoro y visual, será un autentico viaje para nuestros sentidos.
Esta exposición, multilingüal, trata del País Vasco y de la diáspora de los mundos vascos, en distinctos idiomas (en vasco, frances, español e inglés).
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